lunes, 15 de enero de 2018

Por el perdón en todas tus relaciones, Parte II

Por el perdón en todas tus relaciones

(MITAKUYE OYASIN)
Parte II

Ahora os voy a preguntar: ¿Preferiríais tener Razón a ser Felices? La mayoría de vosotros, al igual que hice yo, habéis dicho que vuestra elección es ser felices. Pero ahora vamos a ver si eso es así en realidad. Cerrad los ojos, relajaos, respirad varias veces profundamente, y recapitulad, revivid las diferentes situaciones cotidianas en vuestro día de hoy, desde este momento hacia atrás, y sed sinceros: ¿Cuántas veces habéis elegido tener la razón? Ya sea una cuestión trivial o de suma importancia; ya sea de tráfico, ya sea sobre un estilo de música… que si el rock es mejor que el pop; que si la educación privada o la pública, que si el vestido rojo o el azul, que si tu marido debía haber fregado los platos o tu hija tenía que haber vuelto a casa cuando le dijiste, o que si todos los políticos son iguales o no. La respuesta es interna, es para vosotros, sed sinceros y dejad que salga de forma automática, sin juzgarla, para que así podáis ver cuál es vuestro verdadero patrón de respuesta en la vida, y si éste está más acorde con tener la razón o con ser feliz. Más de uno os habéis dado cuenta de que, en el día a día, en realidad elegís tener la razón en lugar de ser felices. Ésta es una elección inconsciente (prácticamente la totalidad de tu mente es inconsciente para ti).
A mí me pasó eso mismo: yo pensaba que quería ser feliz, pero luego me di cuenta de que en realidad, en mi día a día, lo que yo quería era tener la razón, y la felicidad la dejaba fuera de mi escala real de valores. Ya fuera con mi mujer, con mis hijas, con los compañeros de trabajo… daba igual, me di cuenta de que en realidad mi vida la estaba manejando una parte de mí de la cual no soy consciente, y de que uno de sus parámetros de acción era “tener la razón”.

Ahora os pregunto: ¿Por qué creéis que elegimos tener la razón? Lo que nos ofrece tener la razón es como una sensación de felicidad, de victoria, pero: ¿Cuánto tiempo creéis que uno puede mantener esa sensación de felicidad que proviene de tener la razón? Hasta la siguiente situación que la vida te ponga delante y esto es algo que sucede constantemente. Como nos aporta esa aparente felicidad, es como una droga y queremos mantener esa sensación ahí, de por vida; eso supone entrar en una lucha, defensa y ataque: yo defiendo mi postura y ataco la del otro, yo quiero tener la razón porque así creo ser feliz y me va a dar igual; voy a atacar tu postura o, cuanto menos, voy a defender la mía… Es una respuesta automática. Detrás de éste conflicto está el juicio: lo que está bien y lo que está mal. ¿Tú te crees capaz de defender algo que está mal? Si yo tengo que defender una postura para tener la razón a toda costa por esa aparente felicidad, lo que yo defiendo debe ser bueno. ¿Qué sucederá si en la próxima situación consciente o inconscientemente no tienes la razón? Cuando uno no tiene la razón, en teoría pierde la lucha, por lo tanto, su juicio viene a decirle que es malo aquello que estaba defendiendo; y aunque las leyes digan que uno es inocente hasta que se demuestre lo contrario… ¿qué pasa en los juicios? “Culpa, culpa, he hecho algo mal, soy culpable”. Eso está ahí, lo veamos o no, inconscientemente está presente, y es porque nuestro inconsciente trae información de generaciones y generaciones, y de arquetipos y simbologías, por ello sabe que atacar, a la larga, significa ser culpable, y que defender, es en realidad la otra cara de la misma moneda y conlleva también un sentimiento de culpa. ¿Crees que alguien que realmente siente que es inocente necesita defenderse? ¿Y si soy culpable? ¿Qué sucede en los juicios cuando alguien es culpable? Que le viene el castigo, el cual genera miedo y si tú tienes miedo de algo, ¿qué haces? Te separas de ello, te proteges, creas una coraza, una identidad que te proteja. ¿Y cómo y por qué hacemos esto? Con dos mecanismos que tenemos para lidiar con la culpa y con el miedo. El primero es la negación: lo niego, yo eso no lo tengo, se esconde, se guarda en el inconsciente para dejar de ver que está ahí; y el segundo mecanismo es la proyección: ponerlo fuera, en el exterior, de manera que parezca no tener relación alguna contigo; sería algo así como: “Yo no tengo culpa, la culpa la tienes tú o él…”, el caso es sacarlo fuera; eso lo que consigue es crear una identidad, una individualidad. Mi identidad seguirá siendo siempre y cuando yo me diferencie de los demás, si yo no me diferencio de los demás, no sé quién soy, hay una fusión, si somos iguales, no hay diferencias, desaparezco; es como dos gotas de agua, si las juntamos, son una sola gota de agua, no hay diferencias, no hay identidad distinta. ¿Qué hacen las gotas de agua para diferenciarse, separarse y tomar una identidad? Una gota de agua cae en un trozo de papel y se funde con el papel, y otra gota de agua cae en un trozo de pan y se funde con el pan, a partir de ese momento se identifican con la forma, nace la identidad, se olvidan de que son una y comienza la lucha por tener la razón para mantener la separación; entonces el papel dice: “yo soy blanco y tú eres marrón”, refiriéndose al pan, “no somos iguales, yo soy de celulosa, tú eres de harina; no somos iguales, yo sirvo para pintar y tú para comer, no somos iguales…”, y no se están centrando en lo que les une realmente, se olvidaron de que son dos gotas, que son lo mismo y son una, así que seguir diferenciándose y separándose es la única manera que tienen de seguir existiendo. Aunque esto lo hemos desplegado así, desde la razón hasta la separación, en realidad va al revés, quiero decir, que en esa unidad de la que hablamos, siguiendo la metáfora del agua, todo el mar por ejemplo, que es toda UNA gran inmensidad de agua, sería lo que UCDM conoce como “Puro Espíritu” o Dios, la unidad. Hay un momento en que se le ocurre una idea un poco extraña, algo así como: ¿Qué pasaría si me separo? Entonces se imagina separándose, se imagina que es una gota separada del gran UNO que es todo el mar; aunque es exactamente igual que el resto del mar, esa gota se cae en un trozo de papel y ya se olvida de que es agua y ya se cree que es papel, se identifica y se individualiza, cree que es celulosa, de color blanco, con la función que sea: para pintar o limpiar o cualquier cualidad que pueda tener un trozo de papel y, justo en el momento en que se separa, le entra el miedo, porque ahora está sola, le entra la culpa y juzga que ha hecho algo mal, entra en conflicto por tener la razón para obtener la felicidad que perdió al separarse del mar, del todo, del UNO. 

Continuará.......

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